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Colegio República de Colombia, semillero de mediadores de conflictos

Colegio República de Colombia, semillero de mediadores de conflictos
Colegio República de Colombia, semillero de mediadores de conflictos

70 niñas, niños y jóvenes de este colegio público de Engativá conforman un grupo de promesas de la convivencia único en la capital. Además de propiciar la resolución pacífica de conflictos, llevan su mensaje de diálogo y construcción de acuerdos a otras instituciones de Bogotá. Conozca su experiencia.

“El conflicto siempre va a estar presente en nuestra vida, es inevitable, lo que debemos ajustar es la forma en que lo resolvemos”, bajo este planteamiento poderoso y persuasivo, la maestra Adriana Barrera, del área de ciencias sociales, diseñó una estrategia para erradicar las peleas y las agresiones del colegio República de Colombia.

Se trata de ‘Dialogando nos entendemos’, con la que se propusieron mejorar el clima escolar y la convivencia de esta institución educativa de la localidad de Engativá y que estableció el diálogo como herramienta por excelencia para la resolución de conflictos.

Un proyecto que nació como respuesta a las agresiones e intolerancia que se presentaban en el colegio y, desde 2012, forma a los ‘Mediadores estudiantiles’, jóvenes de todos los grados que se capacitan con la profe Adriana en temas de convivencia, resolución pacífica de conflictos y construcción de acuerdos.

“La convivencia es un tema complejo para cualquier grupo social y tiene muchas variables y muchas aristas. Cuando empezamos con el proyecto había mucha tensión entre profesores y estudiantes y entre pares. Un ambiente enrarecido, conflictos generacionales, conflictos académicos. Y en ese diagnóstico inicial nos dimos cuenta que lo más complicado de estas relaciones era la incapacidad de las partes para buscar acuerdos”, comenta la profesora Adriana.

Los mediadores estudiantiles que se forman en el marco de la iniciativa ‘Dialogando nos entendemos’, recorren salones y pasillos de la institución prestando sus servicios de mediación pacífica de conflictos y su misión es ayudar a estudiantes, maestros y cualquier miembro de la comunidad académica a construir acuerdos entre las partes en disputa para evitar hechos de violencia y agresiones.

“Desde un principio la estrategia se planteó como algo voluntario y se invitó a los estudiantes que estuvieran dispuestos a hacer la tarea, porque era imposible trabajar con la totalidad de la población, entonces empezamos a trabajar con cinco estudiantes de cada salón y los capacitamos para que se conviertan en multiplicadores de ese conocimiento en cada uno de los salones”, destacó la docente.

Hoy, son cerca de 70 estudiantes de grados 5° a 11° los que hacen parte del semillero de mediadores y que trabajan para ayudar a sus compañeros a resolver los problemas de la vida diaria y evitar las agresiones.

Así se forman los mediadores de convivencia

“Una palabra a tiempo puede frenar una situación de crisis” y “Que un problema pequeño no se convierta en uno grande”, bajo premisas como estas, operan los mediadores de convivencia de la institución. Su labor, lejos de señalar o juzgar, se centra en facilitar la comunicación entre las partes en disputa para llegar a acuerdos que no vulneren los derechos y la dignidad de los implicados.

Armados con herramientas argumentativas y capacitados en comunicación asertiva y construcción de acuerdos, los mediadores de la institución operan en el seno de sus salones de forma espontánea, no requieren invitación, porque la idea de la iniciativa también le apunta a acabar con la indiferencia y con el ‘mejor mirar hacia otro lado’ para vincular a toda la población escolar y hacerla consiente que la convivencia es un problema de todos.

La formación de estos mediadores comienza con el trabajo del semillero. Allí, los niños pequeños, se forman en temas básicos como: Qué es la convivencia, qué es la diferencia, por qué todos somos diferentes y cómo esas diferencias nos hacen chocar.

“La idea en esta primera fase es que los estudiantes en formación aprendan que existen diferentes perspectivas y puntos de vista sobre un mismo tema, que no existen respuestas absolutas y que todo es relativo. Que hagan el ejercicio real de ‘ponerse en los zapatos del otro’, que es una cuestión clave en la convivencia ya que, si conocemos la historia y las vivencias del otro, es más fácil ponernos en su lugar a la hora de dirimir una diferencia o un desacuerdo”, destaca la profe Adriana.

Tras completar la primera fase, inicia la capacitación en mediación de conflictos. Allí, los jóvenes estudian a fondo las cualidades de la mediación y del mediador, aprenden a escuchar, a no intervenir en los conflictos, pero sí ayudar en la construcción de acuerdos. “Hacemos simulacros de mediación donde dramatizamos situaciones cotidianas para medir la capacidad de respuesta del mediador, la forma en la que habla, las palabras que elige, cómo persuadir al otro para evitar el choque”, destaca la maestra.

Juan Diego Jiménez, mediador de sexto, destaca las cualidades que le han ayudado a convertirse en un facilitador para sus compañeros en temas de conflicto. “El mediador debe tener cualidades como el respeto, la escucha asertiva, debe saber cómo manejar situaciones de crisis y aprender a ignorar los comentarios agresivos y a ser receptivos con los que aporten. Nosotros no estamos para resolver los problemas, sino para ayudar a la gente a comunicarse de una forma asertiva y pacífica para que lleguen a acuerdos, pero eso surge de ellos, no tendría ningún sentido que nosotros los impongamos”.

Al detectar un conflicto en un salón o en un grupo de amigos, los mediadores inician su labor. Sientan a las partes en igualdad de condiciones para que cada una exponga su versión del problema, siempre en un ambiente de respeto donde no se admiten los insultos ni los apodos, luego les preguntan cómo se sienten por lo que pasó y posteriormente se establecen compromisos de lo que estarían dispuestos a hacer para dirimir el problema y eso se redacta en un documento.

“Luego esperamos una semana y le hacemos seguimiento al caso para ver los avances y verificar que se cumplan los compromisos. La idea es que eso que se pacta en el compromiso se cumpla porque eso fue lo que ellos acordaron, si no es así, la mediación se acaba y el caso pasa a la ‘Justicia ordinaria’, que son los coordinadores y directivos”, detalló Juan Diego.

El ‘Reto colombianista’ y otras acciones por la convivencia

Además de los mediadores, la iniciativa ‘Dialogando nos entendemos’ comprende otras acciones que buscan, no solo ayudar a resolver los conflictos, sino formar una conciencia colectiva de tolerancia y respeto en la institución.

Desde el seno del grupo, se diseñan cartillas y herramientas didácticas que trabajan temas de convivencia y ciudadanía para el uso libre de profesores y estudiantes, herramientas que se han convertido en insumo base para temas de prevención y promoción en la institución.

Otra de esas acciones es el ‘Reto colombianista’, una iniciativa pedagógica y didáctica que se plantea como un juego, un gran reto con misiones y desafíos que sirve para medir el clima de convivencia en cada uno de los salones y para destacar y promover esas cualidades positivas que debe tener un ‘buen estudiante y un excelente ciudadano’.

“En el ‘Reto Colombianista’ está de moda ser buena gente. Más que un juego, es un reto para invitar a todos los salones a que se vinculen a las acciones de convivencia que realizamos en el grupo. El gran reto es formar estudiantes respetuosos, que escuchan, que tienen buenos modales y que utilizan el diálogo como herramienta para resolver sus problemas. En cada uno de los salones ubicamos un tablero especial que sirve para medir el nivel en el que se encuentran”, explica Dana Valentina Colmenares, mediadora de 6° grado.

“El primer nivel es el de Aprendiz; ahí están los grupos que tienen cualidades básicas como el respeto, saludar, agradecer, pero que todavía tienen problemas de convivencia. Luego están los Novatos, grupos con cualidades más avanzadas como escuchar asertivamente, pedir la palabra, reconocer los errores. Luego están los Avanzados, que reconocen las diferencias y las manejan con el diálogo. Por último, está el nivel más alto, al que todos aspiramos a llegar, que es el de Profesional en Convivencia, que son grupos que reúnen las cualidades anteriores y que van más allá, son personas que desean que sus actos beneficien a los demás”, detalla la estudiante.

Para Gabriela Sastoque, de grado 7°, la clave del ‘Reto Colombianista’ y las otras iniciativas del grupo radica en las pequeñas acciones, en esos actos mínimos, casi imperceptibles, que hacen la diferencia en materia de respeto y convivencia. “Hay cosas mínimas como saludar, pedir el favor, dar las gracias, que hacen que te sientas reconocido y te hacen sentir parte de un grupo. Son acciones pequeñas que ayudan, sino a resolver los problemas, por lo menos a que no se agranden”, destaca.

En este ‘laboratorio de la convivencia’ los estudiantes tienen la oportunidad de crear, diseñar e implementar sus propias iniciativas para aportar a la convivencia. El éxito de la estrategia ha sido tal, que los mediadores han sido invitados a otras instituciones para compartir su experiencia y capacitar a otros jóvenes en temas de ciudadanía y convivencia.

Las acciones de ‘Dialogando nos entendemos’ se articularon con el Proyecto Educativo Institucional – PEI – y en el seno de esta comunidad se reconoce a los mediadores de convivencia y se hace uso de sus servicios.

Para la maestra Adriana, esa ganancia ha sido en varias vías. “Con estas acciones generamos un cambio a la institución. Tenemos un grupo fuerte y motivado que le hace contrapeso al matoneo y a la agresividad. Somos un grupo empoderado, con una actitud distinta, comprometido porque vemos que la labor que hacemos sirve, que somos parte de la solución”, concluye.

Porque una ciudad educadora es una Bogotá mejor para todos.

Por Nicolás Rodríguez

(Original publicado por Juan Manuel Cruz Pinto)
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